martes, 1 de diciembre de 2015

Ni un suspiro

   Como no podía ser de otra manera, he estado leyendo. La verdad es que hay cosas realmente inspiradoras por ahí, bien de personas "importantes" (recalco las comillas, pues realmente se entiende por esto aquellos cuyo nombre todos conocemos, pero sobreentendemos que todas las personas son importantes; palabra que no deja de ser un eufemismo), o bien de personas como vosotros, incluso como yo, que se le ocurre dejar sus pensamientos en un papel, una nota... pero se te quedan grabadas a fuego.
   Algo así me ha ocurrido con unas líneas de Chaplin, que dicen así:

« Bueno es ir a la lucha con determinación
abrazar la vida y vivir con pasión,
perder con clase y vencer con osadía
porque el mundo pertenece a quien se atreve
y la vida es mucho más para ser insignificante »

   Ni que decir tiene que esto no debería quedarse en palabras, sino que habría que convertirlo en acciones, en un mantra; en lo único en que pensar antes de decir a una nueva experiencia '¡Sí!'. Aunque he de decir que abusar de ello puede tener tantas consecuencias como rechazar oportunidades. 



   Hace unos días pude darme cuenta de cómo las personas ven las cosas, o el vaso como quien dice: ni medio vacío ni medio lleno, más bien a la mitad. Y es que se podía contar con los dedos de la mano cuántas personas utilizaban en su vida diaria el superlativo de 'bueno', o simplemente cuántas lo conocían. Y es que "óptimo" es un adjetivo escasamente utilizado (además, decir "Mamá, hoy está comida está óptima" puede sonar incluso estúpido). Por otro lado, ¿cuántas veces podemos decir "pésimo" en un mes? ¿O incluso en una semana...? Se aprende antes a describir las situaciones en las que nadie se siente bien consigo mismo o su entorno, porque necesita ser expresado y liberado de alguna manera, mediante palabras. Es así como exteriorizamos el dolor o la soledad*.
*véase entrada anterior

   Ahora bien, ¿cuántas cosas somos capaces de decir y/o expresar cuando nos sentimos rebosar de felicidad (por expresarlo de alguna manera)? ¿Y cuántas veces podemos afirmar que nos sentimos así?
   Pero ahora, con versos inventados y las palabras en las puntas de los dedos, soltaré lo que llevo dentro:

Llega la afrenta, la eterna e infinita batalla entre el riesgo y lo seguro. Que el temor a lo desconocido no llegue a decaer, pues se escucha que 'más vale malo conocido que bueno por conocer'. El temor a fallar no debe impedir jugar a arriesgar, o tentar tanto la buena como la mala suerte; al fin y al cabo, es suerte. Contradicciones aparentes, convicciones fervientes. La llamada a lo desconocido será contestada cuando, y solo cuando el valor gane la batalla al temor, cuando se reanime el espíritu libertador. Porque tentando con ojos bien abiertos y cautelosos se descubrirá el final. Tan solo decide cómo será ese final.